
Buscando un espacio en la soledad descubro que mi lugar está junto a ustedes. Que pena darme cuenta de la enorme distancia que hemos fabricado. ¿Qué me hizo razonar en esto?
Ayer fui a dejar a mi hijo al jardín infantil, esto después de un día de ausencia por estar un poco resfriado. Los compañeros de mi hijo jugaban, sin embargo cuando vieron entrar a Alex al patio de juegos, todos (créanme “TODOS”) detuvieron su juego (fue motivación propia) se dirigieron a mi hijo, lo abrazaron, otros lo besaron, le preguntaban por que no había venido el día anterior y a la vez lo invitaban a jugar. Quedé muy impresionada por la actitud de ese montoncito de amor que se movía.
Lo que más me cautivó fue esa motivación propia que tuvo cada niño para dejar de lado lo que estaba haciendo para ir a recibir a su compañero, nadie les ordenó a hacerlo, solo lo hicieron. Me despedí a la distancia de mi niño y en el camino a mi trabajo, me fui recordando lo sucedido, fue fantástico, pero además me quedé pensando en ¿Qué nos sucede a los adultos que vamos perdiendo ese afecto espontáneo?